Alonso de Toledo

Yo, Alonso de Toledo

El guardián de las llaves, año 1512

Con el debido permiso del señor de estas murallas, el noble Castillo de La Calahorra

Yo soy Alonso de Toledo, nacido en la imperial ciudad de Toledo en el año de 1460, cuando en Castilla reinaba Enrique IV de Trastámara. Hoy, con cincuenta y dos años de vida, ejerzo como alcaide mayor de esta fortaleza. Custodio las llaves que abren y cierran sus portones, y con ellas guardo no solo la seguridad de sus muros, sino también la memoria de cuanto aquí acontece.

Desde joven serví en Granada, al calor de la corte real. Fue allí donde conocí a mi señor, don Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza. A su lado aprendí lealtad y disciplina, y con el tiempo me escogió como su hombre de confianza, encargándome la custodia de este castillo en el corazón del Zenete.

En estos tres últimos años he visto alzarse esta fortaleza sobre la colina roja. Los maestros italianos trazaban planos, los canteros golpeaban la piedra , y desde la lejana Italia llegaba el mármol de Carrara, descargado en las costas de Almería y arrastrado con esfuerzo por carretas de bueyes hasta alcanzar esta altura. Día tras día, el sueño del Marqués se convirtió en realidad.

Y ahora, en este año de 1512, don Rodrigo me ha entregado las llaves. Con ellas me confió no solo la custodia de puertas y murallas, sino también de voces, secretos y silencios.

Hace unos meses se produjo la llegada solemne: don Rodrigo y doña María de Fonseca subieron esta colina con toda su corte.

Éramos más de cien almas: damas, soldados, criados, músicos y clérigos. Entre ellos venía la pequeña doña Mencía, de apenas cuatro años, cuyos ojos se alzaban asombrados hacia las torres recién nacidas.

Desde aquel instante, estas piedras dejaron de ser obra muda para convertirse en morada viva.

Yo, Alonso de Toledo, guardián de las llaves, seré testigo de todo lo que aquí ocurra.

Y con el permiso del verdadero dueño de estas páginas —el Castillo mismo — os contaré, semana tras semana, anécdotas, sucesos y secretos de estos primeros años de vida en el castillo.

Porque las piedras callan… pero yo, guardián de sus llaves, debo hablar..